La medicina del trabajo ante la vigilancia de la salud: la silicosis como reto clásico y actual
DOI: https://doi.org/10.69592/2952-1955-EXTRA-MAYO-2026-ART-6
Anselmo López Guillén
Médico neumólogo. Director Médico, 4 Laboral Advanced Radiology.
Coordinador España, Observatorio Internacional de Neumoconiosis.
Profesor colaborador, Universidad de Barcelona.
Resumen: La silicosis es una de las enfermedades profesionales más antiguas documentadas en la literatura médica. Desde hace más de siglo y medio se conoce su agente causal —la inhalación de sílice cristalina en forma de partículas muy finas—, y los mecanismos generales por los que produce daño pulmonar. Sin embargo, en las últimas décadas ha reaparecido en países industrializados, ahora vinculada a procesos productivos nuevos como el corte y mecanizado de piedra artificial de cuarzo, el uso de chorros de arena abrasiva o determinadas operaciones de extracción de gas mediante fracturación hidráulica (Pérez-Alonso et al., 2014; Hoy y Chambers, 2020) [6,8].
Para entender por qué esta enfermedad persiste, es clave distinguir dos aspectos. El primero es que solo las partículas de sílice de menor tamaño —las capaces de penetrar hasta las zonas más profundas del pulmón, donde se realiza el intercambio de oxígeno con la sangre— son las realmente peligrosas (AENOR, 1993) [2]. El segundo es que los métodos habituales de detección —la radiografía de tórax y la prueba de función respiratoria (espirometría)— solo permiten identificar la enfermedad cuando el daño pulmonar ya es estructuralmente visible, es decir, cuando la lesión lleva años desarrollándose de forma silente (Leung et al., 2012; ILO, 2022) [1,11].
La evidencia actual señala la necesidad de avanzar hacia modelos de seguimiento médico estratificados y adaptados al riesgo real de cada trabajador, especialmente en sectores con exposiciones intensas o emergentes. El proceso de actualización normativa en curso en España ofrece una oportunidad concreta para integrar el conocimiento clínico y epidemiológico disponible en una política preventiva más eficaz.
La silicosis ilustra así, cómo una enfermedad laboral clásica puede adquirir nuevas dimensiones en un entorno productivo cambiante, situando a la Medicina del Trabajo —la especialidad médica dedicada a la relación entre trabajo y salud— como eje integrador entre prevención primaria, vigilancia sanitaria y gobernanza normativa.
Palabras clave: Silicosis; sílice cristalina respirable; vigilancia de la salud; prevención de riesgos laborales; reemergencia; medicina del trabajo.
Abstract: Silicosis remains one of the oldest recognized occupational diseases in medical literature. For over a century, its causal agent—respirable crystalline silica (RCS)—and the general mechanisms of its pathogenesis have been known. However, recent decades have witnessed a reemergence of the disease in industrialized countries, associated with new productive processes such as engineered stone fabrication, abrasive blasting, and hydraulic fracturing.
Only the respirable fraction of airborne particles—capable of reaching the alveolo-interstitial region—is determinant in the pathogenesis of silicosis. Traditional health surveillance models, based on occupational history, spirometry, and chest radiography according to the ILO classification, have proven diagnostically useful but primarily identify established structural disease.
Contemporary evidence suggests the need for complementary risk-stratified surveillance approaches, particularly in sectors with high-intensity exposure and emerging occupational profiles. The ongoing regulatory review in Spain provides an opportunity to integrate clinical knowledge, epidemiological surveillance systems, and digital tools within an updated preventive framework.
Silicosis thus represents a paradigmatic example of how a classical occupational disease acquires new dimensions in a changing productive environment, positioning occupational medicine as a central integrative discipline between primary prevention, clinical surveillance, and regulatory governance.
Keywords: Silicosis; respirable crystalline silica; health surveillance; occupational health; reemergence; occupational medicine.
1. Introducción
La silicosis acompaña al desarrollo industrial desde sus orígenes. Aunque la relación entre el polvo mineral y las enfermedades pulmonares era conocida desde la antigüedad, fue el médico italiano Achille Visconti quien en 1870 acuñó el término «silicosis», dándole reconocimiento clínico y nombre propio como entidad diferenciada dentro de las neumoconiosis —enfermedades pulmonares producidas por la inhalación y depósito de polvos minerales—. Desde comienzos del siglo XX, la ciencia médica consolidó de forma definitiva la relación causal entre la inhalación de sílice cristalina y el desarrollo de una fibrosis pulmonar progresiva (Leung et al., 2012) [1].
Las neumoconiosis son enfermedades pulmonares de origen exclusivamente laboral, de curso crónico, que se producen cuando partículas minerales inorgánicas se depositan en el tejido pulmonar y desencadenan una respuesta inflamatoria que, con el tiempo, transforma el tejido normal en tejido cicatricial (fibrosis). La silicosis es el modelo de referencia dentro de este grupo, tanto por su importancia histórica como por su capacidad de progresar incluso después de que el trabajador haya dejado de exponerse al polvo (Leung et al., 2012) [1].
Un aspecto fundamental para comprender el riesgo es que no todo el polvo inhalado resulta igualmente peligroso. Desde el punto de vista preventivo y médico, lo relevante es la fracción respirable: las partículas lo suficientemente pequeñas (menos de 5 micras, es decir, cinco milésimas de milímetro) como para superar las defensas de las vías aéreas superiores y llegar hasta los alvéolos pulmonares, que son las pequeñas bolsas de aire donde se realiza el intercambio de oxígeno con la sangre. Esta distinción no es un tecnicismo menor, sino el fundamento de las medidas preventivas y de la evaluación del riesgo, recogida en la norma técnica europea UNE-EN 481 (AENOR, 1993) [2].
Figura 1. Trayectoria de la sílice cristalina respirable en el sistema respiratorio y zonas de depósito pulmonar. (Fuente: elaboración propia)
Además de causar silicosis, la sílice cristalina respirable se asocia con otras enfermedades (Hoy y Chambers, 2020) [8] y está clasificada como agente cancerígeno por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), organismo de la OMS, en determinadas condiciones de exposición laboral (IARC, 2012) [3]. En algunos entornos de trabajo —como el corte de piedra artificial en seco—, la generación de partículas recién fracturadas con una superficie especialmente reactiva puede intensificar la respuesta biológica del pulmón (IARC, 2012) [3].
Una vez que las partículas de sílice alcanzan los alvéolos, desencadenan una respuesta inflamatoria que no cede espontáneamente. Esta inflamación afecta al intersticio pulmonar —la fina capa de tejido que rodea los alvéolos y los capilares sanguíneos, a través de la cual se realiza el intercambio de gases—. Cuando esa inflamación se mantiene durante años, el intersticio se engrosa y se endurece, dificultando progresivamente el paso del oxígeno hacia la sangre. Lo crucial es que este proceso puede durar años antes de que aparezcan síntomas o alteraciones visibles en una radiografía, configurando un continuum biológico y clínico que puede preceder en mucho tiempo a su expresión radiológica evidente (Spagnolo et al., 2023; Cottin et al., 2022) [4,5].
Hasta finales del siglo XX, la silicosis se asoció principalmente a la minería y las canteras. Sin embargo, en las últimas décadas ha reaparecido en sectores inesperados: el mecanizado de piedra artificial de cuarzo —ampliamente utilizada en encimeras de cocina y baño—, el chorreo abrasivo con arena y determinadas operaciones de fracturación hidráulica (Pérez-Alonso et al., 2014; Akgun et al., 2015; Hoy y Chambers, 2020) [6,7,8]. En España, este fenómeno ha sido documentado con evidencia clínica y epidemiológica, con un desplazamiento claro del riesgo hacia sectores no tradicionales (Martínez-González et al., 2019; Menéndez-Navarro y García-Gómez, 2021) [9,10].
Este cambio en el perfil de exposición ha coincidido con transformaciones en la organización del trabajo: mayor externalización de procesos, proliferación de empresas pequeñas y cadenas de subcontratación que dificultan el seguimiento preventivo. En este contexto, la Medicina del Trabajo adquiere una posición estratégica, integrando conocimiento clínico con evaluación del riesgo ambiental y análisis epidemiológico.
2. Cómo evoluciona la silicosis: lo que implica para su detección
La vigilancia de la salud en el ámbito laboral es el conjunto de actuaciones médicas dirigidas a detectar precozmente los efectos adversos que puede tener el trabajo sobre la salud, evaluar su evolución y aportar información útil para adoptar medidas preventivas, tanto para el trabajador individual como para el colectivo (OIT, 1998) [28]. En el marco normativo español, esta función está regulada por el artículo 22 de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL). No se trata únicamente de identificar enfermedad ya declarada, sino de formar parte de un sistema dinámico de control del riesgo.
La silicosis es un ejemplo especialmente ilustrativo de los límites de ese sistema, porque su desarrollo sigue una evolución progresiva bien caracterizada (Leung et al., 2012; Hoy y Chambers, 2020) [1,8]. Las partículas de sílice que alcanzan los alvéolos desencadenan una respuesta inflamatoria persistente. El pulmón cuenta con mecanismos defensivos para eliminar partículas inhaladas, pero cuando la exposición es muy intensa o prolongada, esos mecanismos se ven superados. En ese momento, la inflamación se convierte en un proceso crónico (Leung et al., 2012; IARC, 2012) [1,3].
Cuando el sistema defensivo del pulmón no puede neutralizar el polvo inhalado, el intento continuado de reparación termina produciendo tejido cicatricial. Esta fibrosis afecta precisamente al intersticio —la zona donde se produce el intercambio de oxígeno entre el alvéolo y el capilar sanguíneo—, alterando de forma progresiva la arquitectura del pulmón y su función respiratoria (Leung et al., 2012; Cottin et al., 2022) [1,5].
Un aspecto crucial es que esta alteración estructural visible en la radiografía de tórax representa una fase relativamente tardía del proceso. La actividad inflamatoria puede estar presente durante años antes de que se detecten opacidades en la imagen, clasificadas según los criterios internacionales de la OIT (ILO, 2022) [11]. Este desfase entre inicio biológico y manifestación radiológica tiene consecuencias directas para la capacidad de detección precoz.
No todos los trabajadores expuestos desarrollan silicosis con la misma intensidad. La intensidad y la duración de la exposición son los factores más determinantes (Leung et al., 2012; Hoy y Chambers, 2020) [1,8], pero también influye la susceptibilidad individual. El tabaquismo merece mención especial: el humo del tabaco altera los mecanismos defensivos pulmonares, favorece la inflamación crónica y puede modificar los resultados de las pruebas de función respiratoria. En trabajadores expuestos a sílice, el tabaco actúa como amplificador del daño pulmonar, aunque no es el causante directo de la silicosis (Spagnolo et al., 2023; Cottin et al., 2022) [4,5].
Desde la perspectiva de la Medicina del Trabajo, comprender esta evolución progresiva permite entender tanto el alcance como los límites del modelo clásico de vigilancia. La historia laboral detallada, la espirometría periódica y la radiografía de tórax siguen siendo herramientas fundamentales (ILO, 2022) [11], pero identifican enfermedad estructural ya establecida. Desarrollar modelos complementarios de vigilancia adaptados al tipo de exposición y al perfil de riesgo puede contribuir a mejorar la detección precoz en sectores emergentes, sin sustituir la prevención primaria ni los métodos diagnósticos consolidados.
3. La reemergencia de la silicosis: nuevos sectores, mismo agente
Hasta finales del siglo XX, la silicosis se consideraba una enfermedad en retroceso en los países industrializados. La mecanización progresiva, la mejora de las condiciones ambientales y la aplicación sistemática de medidas de control del polvo habían reducido significativamente su incidencia en la minería y la construcción (Leung et al., 2012) [1].
Sin embargo, a partir de la primera década del siglo XXI comenzaron a aparecer nuevos casos en sectores completamente distintos. En España, la alerta emitida en 2008 por el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT) fue el primer aviso formal sobre el fenómeno emergente (INVASSAT, 2008) [12]. Posteriormente, diversas series clínicas confirmaron un brote asociado al mecanizado de piedra artificial de cuarzo (Martínez et al., 2010; Pascual et al., 2011; García-Vadillo et al., 2011; Rojo-Aparicio, 2013) [13–16], y estudios más amplios documentaron la magnitud real del problema en ese sector (Martínez-González et al., 2019) [9].
Estos trabajos revelaron un perfil epidemiológico muy diferente al clásico: trabajadores jóvenes —entre 25 y 40 años—, exposiciones muy intensas en periodos cortos y formas aceleradas de silicosis en contextos laborales sin historial previo de alto riesgo (Martínez-González et al., 2019; Menéndez-Navarro y García-Gómez, 2021) [9,10]. Los registros oficiales de enfermedad profesional reflejaron un incremento sostenido de casos durante la última década, especialmente en el sector de la piedra artificial (Ministerio de Sanidad, 2022) [17].
El factor principal que explica esta reemergencia es el uso de materiales con una concentración de sílice cristalina extraordinariamente alta —en algunos conglomerados de cuarzo, hasta el 90 %— combinado con procesos de corte y pulido en seco sin las debidas medidas de control del polvo. En esas condiciones, los niveles de exposición pueden superar ampliamente los límites recomendados y el tiempo necesario para desarrollar la enfermedad se acorta drásticamente (IARC, 2012; Leso et al., 2019) [3,18]. Situaciones similares han sido descritas en Australia, Israel, Estados Unidos e Italia (Hoy y Chambers, 2020; Leso et al., 2019; Cavariani et al., 2019) [8,18,19].
Otros ejemplos relevantes son el chorreo con arena de pantalones tejanos (Akgun et al. 2015) (7) y la fracturación hidráulica —proceso de extracción de gas y petróleo mediante inyección de agua a presión en el subsuelo—, que requiere el manejo de grandes cantidades de arena de sílice. Estudios realizados en Estados Unidos documentaron exposiciones que superaban ampliamente los límites recomendados (Esswein et al., 2013; NIOSH, 2012) [20,21]. Este caso ilustra que el riesgo puede aparecer, incluso en contextos tecnológicamente avanzados, cuando las medidas de control no se aplican correctamente.
La reemergencia de la silicosis no refleja un fracaso del conocimiento científico, sino una adaptación insuficiente de los sistemas preventivos a realidades productivas nuevas. Este fenómeno obliga a revisar los modelos de vigilancia en sectores emergentes, y a articular de forma más estrecha la evaluación ambiental, la vigilancia clínica y la respuesta normativa.
4. La vigilancia de la salud: modelo actual, límites y necesidades
La vigilancia médica de los trabajadores expuestos a sílice cristalina es uno de los pilares clásicos de la Medicina del Trabajo. Su objetivo no es únicamente detectar enfermedad profesional, sino también identificar patrones de riesgo colectivo y generar información que permita reforzar la prevención primaria —actuar sobre el origen del riesgo antes de que cause daño—.
El modelo clásico de vigilancia se ha estructurado sobre tres ejes: una historia laboral específica y detallada (qué hace el trabajador, con qué materiales, en qué condiciones y durante cuánto tiempo); una evaluación de la función respiratoria mediante espirometría; y una radiografía de tórax clasificada según los criterios estandarizados de la OIT, que permite evaluar y comparar la extensión de las opacidades pulmonares de forma homogénea en el tiempo (ILO, 2022; NIOSH, 2002) [11,22].
Este esquema ha demostrado su utilidad durante décadas y sigue siendo la base de los programas de vigilancia en la mayoría de los países (ILO, 2022; NIOSH, 2002) [11,22]. Sin embargo, tiene una limitación estructural: la silicosis sigue una evolución biológica progresiva en la que el daño puede preceder durante años a las alteraciones visibles en la imagen radiológica. El modelo clásico identifica principalmente enfermedad ya consolidada, no las fases iniciales del proceso inflamatorio.
Desde el punto de vista funcional, la espirometría puede mantenerse dentro de valores normales hasta fases avanzadas de la enfermedad, especialmente en las formas simples. Las alteraciones de la capacidad respiratoria o del intercambio de gases suelen aparecer en estadios más tardíos, por lo que no es útil como único instrumento de detección precoz (Leung et al., 2012) [1].
En los últimos años, diversos estudios han explorado herramientas complementarias en entornos de riesgo elevado: técnicas de imagen de mayor resolución y modelos que combinan información radiológica con biomarcadores, todavía en fase de investigación (Spagnolo et al., 2023; Priego-Torres et al., 2025) [4,24]. Estas aproximaciones no sustituyen a la radiografía convencional ni son aún estándares de práctica habitual.
El reto es avanzar hacia una vigilancia estratificada según el tipo de polvo, la intensidad y duración de la exposición y el contexto productivo. Desde el punto de vista normativo, la inclusión de la sílice cristalina respirable en la Directiva europea 2017/2398 como agente cancerígeno en determinados contextos (European Parliament and Council, 2017) [25], y la actualización de estándares regulatorios en distintos países (OSHA, 2016) [26], refuerzan la necesidad de adaptar los programas de vigilancia al nivel actual de exigencia preventiva. En España, el proceso de revisión del marco normativo de prevención de riesgos laborales en curso representa una oportunidad concreta para integrar conocimiento clínico, evidencia epidemiológica y sistemas de información en un modelo más dinámico.
5. Digitalización, sistemas de información y coordinación institucional
La reemergencia de la silicosis en sectores no tradicionales ha puesto de relieve la necesidad de sistemas de información capaces de detectar precozmente tendencias y concentraciones sectoriales de casos. La vigilancia epidemiológica no depende solo del diagnóstico individual, sino de la integración de datos que permitan identificar riesgos colectivos y orientar medidas preventivas de forma eficiente.
En España, los registros oficiales de enfermedad profesional han permitido documentar el incremento sostenido de casos en el sector de la piedra artificial durante la última década (Ministerio de Sanidad, 2022) [17]. La digitalización progresiva de estos sistemas facilita la trazabilidad de los casos, el análisis comparativo entre sectores y territorios, y la toma de decisiones basadas en evidencia.
En el ámbito diagnóstico, las herramientas digitales aplicadas a la imagen médica pueden mejorar la estandarización y la reproducibilidad de la lectura radiológica cuando ya existen alteraciones estructurales visibles. No obstante, su utilidad se circunscribe a la detección de lesión ya expresada anatómicamente y no sustituye ni a la prevención primaria ni al juicio clínico del médico.
Más allá de la tecnología, el elemento verdaderamente determinante es la coordinación institucional. La interacción entre los servicios de prevención de las empresas, el sistema sanitario y las autoridades laborales resulta esencial para que la información epidemiológica generada se traduzca en mejoras reales del control ambiental y en adaptación normativa cuando sea necesario.
6. La medicina del trabajo como eje integrador
La silicosis es un ejemplo paradigmático de enfermedad profesional en la que confluyen conocimiento clínico, evaluación ambiental, vigilancia epidemiológica y marco normativo. Esta convergencia sitúa a la Medicina del Trabajo en una posición estratégica dentro de la gestión integral de la salud laboral.
A diferencia de otras especialidades clínicas centradas en el diagnóstico y el tratamiento, la Medicina del Trabajo integra tres dimensiones inseparables: la prevención primaria mediante el control del riesgo en origen; la vigilancia específica de la salud de los trabajadores expuestos; y la interpretación epidemiológica de los casos detectados para extraer consecuencias preventivas colectivas. En el caso de la sílice cristalina, esta integración es especialmente relevante porque el proceso patológico es prevenible en su origen y puede continuar evolucionando incluso después de que el trabajador haya dejado de exponerse (Leung et al., 2012) [1].
El papel del médico del trabajo no se limita a identificar hallazgos compatibles con neumoconiosis. Tal como vemos en la Fig. 2, incluye la reconstrucción detallada de la historia de exposición del trabajador, la valoración del contexto productivo y la coordinación con los servicios de prevención para adoptar medidas correctoras. La notificación y clasificación adecuada de los casos contribuye además a fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica y a orientar decisiones regulatorias basadas en evidencia (ILO, 2022; Ministerio de Sanidad, 2022) [11,17].
Figura 2. Etapas clave en la actividad del médico del trabajo: de la historia laboral real al aprendizaje del sistema. (Fuente: elaboración propia)
En escenarios emergentes, como los asociados al mecanizado de conglomerados artificiales de cuarzo, la detección de un caso no debe interpretarse como un evento aislado, sino como una posible señal de riesgo colectivo (Martínez-González et al., 2019; Menéndez-Navarro y García-Gómez, 2021) [9,10]. Esta perspectiva sistémica permite transformar la información clínica en acción preventiva, y es uno de los rasgos distintivos de la Medicina del Trabajo.
La coordinación entre el sistema sanitario, los servicios de prevención y las autoridades laborales resulta determinante para garantizar que la información generada en el ámbito clínico se traduzca en mejora efectiva del control ambiental. El desarrollo de estructuras de observación y redes de conocimiento —como las propuestas recientemente en el ámbito de las neumoconiosis (López-Guillén et al., 2025) [27]— puede contribuir a anticipar riesgos emergentes y reforzar la coherencia del sistema preventivo.
7. Perspectivas futuras: biomarcadores, imagen avanzada e inteligencia artificial
La comprensión de la silicosis como un proceso progresivo que se desarrolla durante años antes de hacerse visible ha impulsado la búsqueda de herramientas capaces de identificar el daño pulmonar en fases más tempranas. El objetivo no es sustituir los métodos clásicos de vigilancia, sino complementar su capacidad de estratificación del riesgo en contextos específicos de exposición.
En este marco, el concepto de biomarcador hace referencia a cualquier característica biológica medible —presente en sangre, en otros fluidos corporales o incluso en el aire exhalado— que refleja un proceso fisiológico o patológico en curso. En la silicosis, estos marcadores se investigan como posibles indicadores de actividad inflamatoria o de activación del proceso de fibrosis, antes de que el daño haya evolucionado hacia una fibrosis consolidada e irreversible (Spagnolo et al., 2023) [4].
La radiología, por su propia naturaleza, solo puede detectar alteraciones cuando existe una modificación anatómica del tejido pulmonar visible según criterios estandarizados (ILO, 2022) [11]. En cambio, un biomarcador podría aportar información sobre procesos celulares activos antes de que se traduzcan en cambios morfológicos detectables por imagen (Spagnolo et al., 2023; Cottin et al., 2022) [4,5]. Dicho de forma más sencilla: mientras que la radiografía muestra la cicatriz, el biomarcador podría alertarnos de que el proceso de cicatrización ha comenzado.
En los últimos años se han estudiado perfiles de citoquinas —moléculas que el sistema inmunitario utiliza para comunicarse entre células y que reflejan el estado de inflamación— como posibles predictores de la gravedad y la progresión de la silicosis. En trabajadores con silicosis asociada a conglomerados de cuarzo, se han desarrollado modelos basados en aprendizaje automático que integran esos perfiles inflamatorios con variables clínicas para estimar el riesgo de evolución (Sánchez-Morillo et al., 2025) [32]. Estos estudios son prometedores, aunque todavía requieren validación longitudinal y estandarización antes de incorporarse sistemáticamente a los programas de vigilancia.
En el ámbito de la imagen, la aplicación de inteligencia artificial (IA) a la TCAR representa uno de los avances más significativos de los últimos años. Un estudio reciente (Akyol et al., 2024; Zhang et al., 2021) [31,30] evaluó seis modelos de aprendizaje profundo —redes neuronales convolucionales entrenadas para reconocer patrones en imágenes de tomografía computarizada— aplicados a la clasificación automática de imágenes de TC de pacientes con silicosis. El modelo de mejor rendimiento (Xception) alcanzó una precisión diagnóstica del 97,29 %, superando a otros algoritmos ampliamente utilizados en medicina. Los resultados demuestran que la IA puede identificar con alta fiabilidad las alteraciones pulmonares características de la silicosis en imágenes de TC, incluso en fases en que la lectura humana presenta mayor variabilidad. Desde el punto de vista clínico, esta capacidad resulta especialmente valiosa en programas de vigilancia a gran escala, donde la revisión manual de miles de imágenes introduce limitaciones de tiempo y consistencia. No obstante, estos sistemas actúan como apoyo a la decisión clínica —no como sustitutos del médico—, y su implementación requiere validación prospectiva en poblaciones laborales reales (Figura 3).
Figura 3. Rendimiento comparativo de modelos de deep learning para clasificación de TC en silicosis y flujo de trabajo diagnóstico con IA. (Fuente: adaptado de Akyol et al., 2024)
De forma complementaria, se han propuesto modelos que combinan la radiografía de tórax, los parámetros de función respiratoria y los biomarcadores en sistemas de análisis integrado (Priego-Torres et al., 2025) [24]. Estas aproximaciones podrían facilitar en el futuro una vigilancia más individualizada, basada en perfiles de riesgo biológico y no exclusivamente en criterios estructurales visibles.
En este contexto adquiere relevancia el concepto de umbral de irreversibilidad estructural: el momento en que la reparación pulmonar ha dado lugar a una cicatriz estable que ya no puede recuperar la arquitectura original del tejido, incluso si cesa la exposición (Leung et al., 2012; Cottin et al., 2022) [1,5]. Antes de ese punto, el proceso puede estar biológicamente activo, pero aún no irreversible; una vez establecida la fibrosis organizada, el daño es permanente. Identificar ese umbral —todavía no claramente definido en la silicosis— es uno de los principales retos de la investigación actual.
En cualquier caso, el avance tecnológico no modifica el principio fundamental: la prevención primaria mediante el control efectivo de la exposición al polvo respirable sigue siendo la medida más eficaz para evitar la silicosis (NIOSH, 2002; WHO, 2007) [22,29]. Las herramientas emergentes deben entenderse como instrumentos de apoyo dentro de un sistema preventivo bien estructurado, no como alternativas a las medidas básicas de control ambiental.
8. Conclusiones
La silicosis continúa siendo un reto relevante para la Medicina del Trabajo en el siglo XXI. Aunque su agente causal es conocido desde hace más de 150 años, los cambios en los procesos productivos, la elevada concentración de sílice cristalina en determinados materiales y la intensidad de algunas exposiciones han modificado el perfil epidemiológico clásico de la enfermedad (Pérez-Alonso et al., 2014; Martínez-González et al., 2019; Menéndez-Navarro y García-Gómez, 2021; Ministerio de Sanidad, 2022) [6,9,10,17].
El conocimiento actual permite entender la silicosis no como un evento repentino, sino como una respuesta biológica progresiva que puede desarrollarse durante años antes de hacerse visible mediante técnicas radiológicas convencionales (Leung et al., 2012; Spagnolo et al., 2023; ILO, 2022) [1,4,11]. Esta realidad tiene implicaciones directas para la vigilancia de la salud, que debe interpretarse no solo como un mecanismo de detección de enfermedad establecida, sino como parte de un sistema dinámico de control del riesgo.
El modelo clásico —historia laboral detallada, espirometría y radiografía de tórax según la clasificación de la OIT (ILO, 2022; Fernández-Álvarez et al., 2015) [11,23]— sigue siendo fundamental y constituye la base normativa y operativa del seguimiento sanitario. Sin embargo, la evidencia acumulada en contextos de exposición intensa o emergente sugiere la conveniencia de incorporar enfoques de vigilancia estratificada, ajustados al tipo de polvo, la intensidad de la exposición y el contexto productivo (Ministerio de Sanidad, 2022; European Parliament and Council, 2017; OSHA, 2016) [17,25,26].
Las herramientas emergentes —la aplicación de inteligencia artificial en la interpretación radiológica y de TCAR, y el estudio de biomarcadores inflamatorios o profibróticos— abren perspectivas prometedoras para la detección temprana de alteraciones biológicas que preceden al daño anatómico (Spagnolo et al., 2023; Priego-Torres et al., 2025; Sánchez-Morillo et al., 2025; Akyol et al., 2024) [4,24,32,31]. Su incorporación a la práctica rutinaria requiere, no obstante, validación adicional, estandarización metodológica y evaluación de su impacto real en términos de salud pública. En ningún caso sustituyen a la prevención primaria ni a las medidas de control ambiental.
Desde una perspectiva institucional, la reemergencia de la silicosis pone de manifiesto la necesidad de reforzar la coordinación entre el sistema sanitario, los servicios de prevención y las autoridades laborales (Ministerio de Sanidad, 2022; López-Guillén et al., 2025; WHO, 2007) [17,27,29]. El conocimiento clínico generado debe traducirse en mejoras efectivas del control ambiental y en adaptación normativa cuando sea necesario.
La silicosis constituye, en definitiva, un ejemplo paradigmático de cómo una enfermedad profesional clásica puede adquirir nuevas dimensiones en un entorno productivo cambiante. La Medicina del Trabajo ocupa una posición estratégica como disciplina integradora, capaz de articular prevención primaria, vigilancia sanitaria y análisis epidemiológico en un marco de mejora continua.
Más que un problema del pasado, la silicosis es una llamada a mantener la coherencia entre conocimiento científico, responsabilidad empresarial y protección efectiva de la salud de los trabajadores.
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